domingo, 24 de octubre de 2010

El teatro como servicio público dede la docencia...


El teatro, desde que es visto como una ´´disciplina´´ ha podido optar por la categoría de ser ´´enseñable´´, o ´´transmitible´´; lo cual evidentemente lo dota de una posibilidad mucho más infinita que la de ser captado sólo al ser representado. Deberíamos estimar que la representación también enseña y crea un acto docente.
En este acto de ´´transmitir´´y dejando por sentado que el teatro también es literatura, el carácter de ´´teatro como servicio público´´ es indiscutible. El teatro siempre muestra y enseña. Al referirle una condición de Servicio Público, es eso, servir a quienes se acercan a él, a quienes lo ejercen y lo padecen.
Antiguamente, la ´´Cultura´´ era un bien inestimable. Los antiguos Griegos, tuvieron la suerte de anexar su acervo histórico a lo mitológico además de tener mucho más suerte al expresar todo esto a través del ´´theatron´´ o edificio para ver. La gente que iba a ver-theatest-conocían su historia y criticaban si estaba o no mal representaba. Este era un modo de enseñar, de mostrar al pueblo llano y analfabeta un pensamiento y un modo de hacer política, aprovechando unas horas en la vida de la gente; así que había que hacerlo debido al alto número de asistentes.
Los Romanos, para atraer a la plebe a sus fiestas sangrientas pero no por ello faltas de buen gusto y fastuosos escenarios mandaban a rociar agua de rosas sobre el público. Es decir, se hacía teatro y se perseguía un fin y también se atraía el mayor número de populacho.
En la actualidad, en el mundo en general el teatro tiene una tendencia a ser considerado un arte ciertamente minoritario, pero es comprensible debido al avance de los medios técnicos y expresivos como el cine y la televisión que colocan a los ´´theastes´´ o a los y las observadores-as en la comodidad de una sala o su casa. El teatro como servicio público es un ´´ideal´´ en países como el nuestro. Para nada puede ser visto como un bien cultural y menos como un servicio.
Las políticas culturales de países como Venezuela, no contemplan precisamente eso, una política. La realización del teatro por más que sea apoyada con aportes financieros limitados, es eso, un aporte, pero líneas, directrices que coloquen a las artes escénicas a la par de una necesidad educativa o deportiva, no existen.
Veamos por ejemplo, los tres únicos artículos dedicados a la ´´Cultura´´ en nuestra Constitución de la República Bolivariana de Venezuela. Estos pertenecen al Capítulo VI y los sumaron a los educativos. Son los artículos 98,99, y 100. El primero, someramente nos habla de que la creación es libre, el segundo toca perpendicularmente el tema que nos interesa pues nos dice: ´´Los valores de la Cultura constituyen un bien irrenunciable del pueblo venezolano...´´, El último está dedicado a las Culturas Populares. Palabras, tinta que muy poco es aplicada.
La visión del Teatro como Servicio Público y como medio altamente eficaz a la hora de transmitir conocimientos no sólo teatrales debía ser el norte de instituciones como el Conac o el Instituto de las Artes Escénicas y Musicales. Recién ahora es que se están hablando de talleres de iniciación teatral y que ellos denominan de ´´sensibilización´´, pero que ciertamente podrían ser canalizados y eficazmente aplicados, por lo que entonces podríamos referirnos al Teatro como medio docente y como Servicio Público. Sin embargo, percibimos como un temor de quienes diseñan estos talleres, pues han elaborado una serie de ´´cuadernillos´´ que dicen al facilitador-a, qué es lo que debe hablar, aunque advierte que los y las docentes son libres de impartir los conocimientos como lo crean conveniente.
Ojalá que sea así y no un condicionamiento por desconfianza.
Ojalá, nuestro Estado, tuviese los ´´dominios´´ que tenía Europa o específicamente Francia-citando a Abirached-con sus compañías o gremios actorales de abolengo, pero ni siquiera eso, pues no se han podido mantener las llamadas Compañías Nacionales de Teatro y los TNJT, que debían haber funcionado como el sistema Nacional de Orquestas Sinfónicas creadas por José Antonio Abreu, pero que fracasaron por diversas razones entre ellas el desorden con los dineros, los caprichos personales y los egos indomables. ¿Será que somos más orquestales que escénicos-as?.
Como bien lo dice Abirached, ´´el teatro se considera una diversión acaparada por la burguesía en su propio beneficio...´´ Pero nuestra burguesía ha sido lo menos teatral posible, y qué decir de nuestra burguesía política. No hay tradición burguesa que consuma teatro para echarle un poco de culpa, aunque Alba Lía Barrios, mencionaba en una de sus clases de Teatro Venezolano I, que la ´´Elite´´ venezolana siempre fue muy ilustrada. Seguramente, más dada a lo literario y a lo musical, seguido por el ballet y la ópera. Sin embargo no es suficiente que exista esa élite, es necesario por lo menos tener que ofrecerle y quienes hacemos teatro lo hacemos como eso, con intenciones pequeñas burguesas que crean sus propias cofradías para ser vistas, porque de otro modo, ni que eches agua de rosas se acerca la gente.
Todo lo anterior es fundamental a la hora de discernir o polemizar acerca del Teatro como Servicio Público y más aún viéndolo desde la docencia. Ciertamente nuestra historia apunta a la auto-complacencia: véanse nuestros orígenes aborígenes dados a la contemplación y al solaz en medio de una tierra que lo tiene todo y vive en eterna primavera, así qué caso ofrecer grandes pirámides a los dioses para que llueva o la tierra de frutos; no qué va, lo nuestro fue siempre el placer, el gusto; y aunque suene irónico, todo eso tiene su perfecta explicación en Epícuro, por ejemplo, es decir, que estetas hemos sido, pero lo que tenemos también es mucho de indolencia, de dejar hacer, dejar pasar. Ya sobre eso hablaba en su Ifigenia, Teresa de la Parra. Sin embargo, lo bueno que nos signa es nuestra disposición. Tal vez la palabra mágica sea ´´Disciplina´´. La ausencia de orden, de prioridades reales es lo que nos caracteriza. Un teatro Nacional, es eso, una caracterización de idiosincrasia sin que esto signifique que todo el mundo haga el mismo teatro, o martiricen la vida de los héroes y heroínas, si no afianzando esa mezcla, ese mestizaje, esa hibridización que somos. El maestro José Ignacio Cabrujas, hablaba de que éramos un País sin identidad y a lo mejor sea cierto, no tenemos una única identidad, pero es que somos muchas cosas. En esa medida, el Teatro, nuestro teatro puede enseñarnos cosas, y en esa misma medida, puede ir siendo un Servicio Público, pero sin olvidar que debe ser el Estado el principal patrocinante, pues nuestras salas, no pueden auto-sostenerse por decir algo, y muchas son las que están en descuido, por eso de la desidia o indolencia, como que si se mantiene bonito el Teatro Municipal o el Teresa Carreño, es una incongruencia pequeña burguesa. Sin una directa, sostenida y abundante designación porcentual en los dineros destinados al Presupuesto Nacional Anual, en Venezuela, será siempre pequeña o deficitaria una intención de Teatro como Servicio Público; pero n o imposible debido a la lucha sostenida de pequeños grupos e instituciones tanto públicas como privadas. La enseñanza teatral, es directamente proporcional a este sistema u orden de cosas, pues ni siquiera las escuelas de teatro, se conciben como Servicio Público, si no que en reglas generales se conducen como un grupo especial y signado por unas dotes casi místicas. Tal vez eso es lo que nos hace invisibles ante los gobiernos a la hora de hacernos sentir; pues tenemos muy bien maquillada y vestida la facha, y pinta de necesitados-as y hambrientos-as no nos porta, así que, a seguir su camino, compañeritos-as, de qué se quejan.

BIBLIOGRAFÍA:
1. Abirached, R. (2007) La Organización Teatral en el Estado Democrático
Revista Ade Teatro.
2. Varios Autores. (2000). Constitución de la República Bolivariana de Venezuela
N° 5.453. Venezuela.